Las tardes se dilatan en mis ojos
como un tropel de fúnebres albores,
y riegan mis pupilas los sudores
de sal del alma triste y sus despojos.
Y voy juntando penas a manojos,
atento siempre y justo a mis labores,
aprendo a persistir en mis errores,
burlado por la vida y sus antojos.
Así mi paso busca en el camino
la piedra más aguda y descarnada
al pie que es pretendido por la arista .
Y nunca elude heridas mi destino,
que a fuerza de sangrar tengo manchada
la senda siempre en púrpura amatista.
Diego Jerez
viernes, mayo 19, 2006
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